El impresionante paisaje prepirenaico que podrás divisar sin moverte del mismo pueblo, rodeado de pinos y preciosas sierras, una vegetación sobria en invierno por sus intensas heladas. Su día de sol extremadamente corto, pues a las tres de la tarde cae la sombra en los pequeños hogares, la mayoría de ellos deshabitados, no por esta falta de sol sino por otras más terrenales, más …… de intereses humanos.
La tarde se hace larga para disfrutar de la vida. Sales a la puerta ¡que frío!. Entras, atizas el fuego, miras a través de los cristales; árboles… cielo …. Pocos pájaros, algún gato. Justo enfrente del pueblo los montes que nos roban las horas de sol tan codiciadas por todos los habitantes, esas rocas esconden nidos de águilas que también forman parte del paisaje.
Claro, el buen tiempo ya es otra cosa. El sol que da vida, nos acompaña muchas más horas, alegra calles y jardines, ya puedes ir buscando la sombra para reposar. En Salinas no hay actividad industrial. El trabajo es para ti, limpias hierbas de tu entorno, barres hojas, pintas tu casa, el pequeño huerto que por tradición mima algún vecino, es porque quiere sentir que algo crece, que no muere el entorno que le vio nacer… El verano en Salinas podría decirse que es el placer supremo, está todo florecido, los árboles nos obsequian con su apreciada sombra, éste es el tiempo en que intentas dar la espalda al sol que en invierno tanto buscas. Por el día hace mucho calor que también mitigamos con un buen baño, pues las pozas del río Asabón son muy apreciadas por todos, incluidos los viajeros de la carretera.
Salinas desprende paz a lo largo de todas las estaciones del año, para mí la palabra que mejor define el entorno de Salinas es: serenidad.